sábado, 27 de agosto de 2016

BARRIGA DE FUEGO Y CENIZAS

sábado, 27 de agosto de 2016




Lic. César Enrique Jácome

Ecuador, país de contrastes. Los bramidos y las fumarolas del volcán activo más alto del mundo que últimamente asustara e inquietara a los poblados circunvecinos, nos concede una tregua; pero, enseguida, las placas de Nazca y Continental se ponen en movimiento y producen un espantoso terremoto, cuyos estragos son funestos y despiertan la solidaridad de los ecuatorianos para paliar la desgracia de los hermanos. Sobre estos acontecimientos, entre nubarrones negros que anuncian borrasca, impasible planea el representante del ave símbolo presente en nuestro escudo; es uno de los pocos que aún viven en libertad; otea sobre un minúsculo caserío de chozas diseminadas y perdidas entre la bruma, los pajonales y el viento.

¿Qué mira nuestro cóndor desde un pequeño claro? Mira la cruz que preside una capilla, ubicada en la serranía central, en la cual el Párroco, protegido por gruesa chompa de cuero negro y bufanda de lana de vicuña, imparte con devoción la catequesis a un puñado de niños campesinos, arropados con ponchos rojos; termina la misión del día dándoles a conocer a los infantes que, en la mañana, le visitaron unos hombres extraños, quienes le expresaron  que buscaban con frenesí, desde hace años, en estos parajes la existencia de un sapito negro cuya barriga tenía color de fuego con destellos de ceniza, batracio que había desaparecido de las cordilleras del Ecuador desde hace treinta años, tiempo que coincidía con la visita que realizó el Papa Juan Pablo II; le manifestaron, además, que la persona que encuentre este jambato se haría acreedora a una gran recompensa. Los hermanos David y Vinicio, niños indígenas, se separaron de sus compañeros catecúmenos y arrodillados al pie del altar levantado últimamente, le pidieron al Santo Juan Pablo II que les haga el milagro de encontrar al jambato negro, junto al manantial en donde, días antes, habían visto y jugado con unos sapitos negros. Al otro día los dos niños se presentaron ante el Sacerdote llevando entre sus manos morenas el preciado tesoro; el Párroco, entre nervioso e intrigado, llamó de urgencia a los hombres interesados, quienes no tardaron en llegar y asombrados observaron a dos ejemplares vivos de la especie Atelopus ignescens, con su vientre de fuego, que significaría llama, pasión, amor. 

El Profesor Geovanni Onore Presodente de la Fundación OTONGA certifico el reencuentro del jambato negro en Mayo del 2016.
Foto: gallery.kunzweb.net
Este hallazgo se expandió enseguida en el campo científico de todo el mundo con llamas de entusiasmo y curiosidad por el aparecimiento de una especie de batracio que aparentemente se la consideraba extinguida, cuya búsqueda incesante se había extendido por varias décadas y en distintos lugares de nuestra nación. 

Pronto sabremos los nombres de los científicos que redescubrieron la existencia del jambarto negro; el lugar y la provincia en donde se ha agazapado para mantener la supervivencia de la especie, y más detalles de esta asombrosa noticia.

Solamente en la patria de origen del jambato negro su aparición no ha concitado la preocupación y fervor que este acontecimiento se merece. Ecuador, país de contrastes.

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Documental gráfico que se proyecta en la Casa de la Cultura , núcleo de Cotopaxi el 28 de octubre

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